¿Grave división en la Iglesia? Un resumen de la situación al inicio de 2017

El hecho eclesial más significativo del actual pontificado seguramente han sido los dos Sínodos de los Obispos sobre la familia. La lucha abierta desatada durante los mismos sólo se vio atenuada por la esperanza de que el Papa zanjase las polémicas suscitadas, algunas inconcebibles y muy nocivas para la Iglesia, con la publicación de la prevista exhortación apostólica post-sinodal. Un comentario puede resumir la gravedad de lo ocurrido:de paolis el Cardenal Velasio de Paolis en una conferencia en Madrid [1] , refiriéndose al agrio debate durante y tras el primer Sínodo sobre la familia y aludiendo directamente al Card. Walter Kasper [2] , afirmó con la máxima energía y seriedad que “algunos dicen que se trata de cambiar la disciplina, pero en realidad lo que pretenden es cambiar la doctrina y eso no se puede hacer, porque no podemos alterar el depósito de la fe, pues ‘cielo y tierra pasarán, pero las palabras del Señor no pasarán‘…”.

¿Serían zanjadas estas luchas con la exhortación apostólica? De entrada no cabía esperar otra cosa, no podía ser de otro modo si la Iglesia continúa fiel a sí misma, al Magisterio precedente y, en definitiva, a su Señor.

El gran lío

Algunos no sólo cuestionan la doctrina católica bajo el pretexto emocional de un supuesto acompañamiento pastoral de situaciones excepcionales (acompañamiento novedoso que no se ve con claridad en qué consiste ni cómo debe realizarse [3] ), sino que llegan a defender sin rubor cambios doctrinales como dar validez a nuevas uniones en la Iglesia sin necesidad de haber declarado nulo el vínculo anterior (es decir, cargarse la indisolubilidad del matrimonio), bendecir uniones homosexuales (como, por ejemplo, defiende [4] Mons. Johan Bonny [5] , siguiendo a su mentor el Card. Godfried Danneels [6] ), aceptar parejas homosexuales como padrinos de bautismo (como promueve el Card. Cláudio Hummes), ensalzar las relaciones homosexuales como “expresión de la autodonación de Cristo” (sic) y promover la admisión de homosexuales al sacerdocio, como hace el P. Timothy Radcliffe, O.P. (nombrado por Francisco consultor para el Pontificio Consejo Justicia y Paz) [7] , Obispos, nuncios [8] y Cardenales [9] , como el Card. Reinhard Marx, que promueven la ideología de género [10] y la agenda homosexual [11] dentro de la Iglesia [12] , llegando a tachar de muy destructivo el lenguaje del Catecismo de la Iglesia Católica acerca de la familia y en vez de seguirlo hablan de distintas clases de familias, como las ‘familias LGTB’ [13] , y por supuesto, muchos que defienden distribuir la Sagrada Comunión a personas en una situación objetiva de pecado mortal sin propósito de enmienda ni confesión sacramental válida.

Pero este gran lío lo alcanza y mezcla casi todo: promover la ordenación presbiteral ad experimentum de hombres casados (como se promueve desde un buen núcleo de las Conferencias Episcopales alemana y brasileña [14] , o por el también pro-gay [15] , el neo-cardenal [16] Jozef De Kesel, y como Mons. Erwin Kräutler, consultor de Francisco para Laudato Si, le propuso personalmente [17] ), aceptar el suicidio (como ha ocurrido ya entre los Obispos canadienses del Atlántico, que han dado instrucciones [18] para que se administren los sacramentos a quienes piden la eutanasia), y el aborto (la Conferencia Episcopal Alemana autorizó la píldora abortiva del día después [19] , y en España hay hospitales dependientes de la Iglesia donde se practican abortos [20] ), Obispos, como Mons. Bernardino Marchió [21] , celebrando Misas para masones -y por tanto personas excomulgadas- , y Obispos, como Mons. Luiz Demetrio Valentín, participando en ceremonias masónicas, Obispos [22] y cardenales, como el Card. Gianfranco Ravasi que participan [23] en cultos paganos (el mismo que escribe cartas dirigidas a sus “queridos hermanos masones” [24] ), o quienes desean cambiar la Misa para poder realizar una intercomunión plena entre católicos y luteranos, como propone el Card. Walter Kasper [25] .

Es decir, hay cardenales y Obispos que defienden (y están ejecutando en sus jurisdicciones) cosas que van contra la Sagrada Escritura, la Tradición y el Magisterio, y aparentemente no pasa nada. Muchos sacrilegios se están cometiendo, pues aquí no se trata de abusos en la administración de los sacramentos, sino de verdaderos sacrilegios principalmente contra la santidad de la Eucaristía, del Matrimonio, y de la Penitencia, que son los más atacados. La gravedad de lo que está pasando y de la confusión reinante (por emplear el término más suave) llega a aberraciones tales como que el secretario de la Conferencia Episcopal Alemana, Mons. Robert Zollitsch afirmase que “Cristo no murió por los pecados de los hombres [26] , sino que realizó un acto de “solidaridad” con los pobres y los que sufrían, negando expresamente la realidad del pecado y la realidad y necesidad de la salvación. Y no pasa nada.

Todo esto no se trata de una novedad en sentido estricto. Lo que es una novedad es la amplitud del problema y la defensa pública que estas posiciones tienen por parte de un amplio grupo de prelados dentro de la Iglesia, cada vez más amplio y cada vez en puestos de más influencia… Y también es novedad el hecho de que muchos de ellos justifiquen sus tesis aberrantes en su “fidelidad” a las propuestas del pontificado de Francisco.

¿Y la esperada exhortación apostólica post-sinodal? ¿Qué luz ha traído en medio de toda esta confusión y peligro de cisma en la Iglesia?

Pues no sólo no ha parado todas estas propuestas aberrantes, sino que ha envalentonado y ha dado argumentos a los que las defienden. La exhortación apostólica post-sinodal Amoris Laetitia, de Francisco, ha contribuido a generar más confusión de la que ya había, y no era poca. Los Obispos de la región de Buenos Aires manifestaron [27] que en aplicación de esta exhortación iban a admitir a recibir la Sagrada Comunión a divorciados en una nueva unión, y lo mismo manifestaron entre otros, Mons. Socrates B. Villegasel [28] , presidente de la Conferencia Episcopal de Filipinas, el arzobispo de Granada [29] Mons. Javier Martínez, Obispos alemanes [30] que en algunos casos ya aplicaban estas medidas desde antes de los Sínodos [31] , el Obispo de San Diego Robert McElroy, el Card. Agostino Vallini (cardenal Vicario de la diócesis de Roma [32] ), etc. Otros se manifestaron radicalmente en contra, confirmando formalmente en sus diócesis [33] la doctrina católica de siempre para intentar atajar o reducir los problemas. Y otros contemplan el panorama sin acertar o atreverse a hacer ningún movimiento.

Cinco preguntas

4 CardenalesAnte este clima de confusión gravísima en cuestiones de la máxima trascendencia para la vida de la Iglesia, cuatro cardenales tomaron la determinación de escribir una carta al Papa con cinco dubia o preguntas directas pidiéndole aclaraciones a los temas en los entienden que la exhortación apostólica ha dado pie a confusión doctrinal: si los pasajes ambiguos o erráticos deben entenderse de una manera o de otra. La carta lleva por título “Buscando Claridad: Una Súplica para Deshacer los Nudos de Amoris Laetitia“. Se trata de los cardenales Raymond Burke, Walter Brandmüller, Joachim Meisner y Carlo Caffarra. Es un procedimiento normal en la vida de la Iglesia. Lo sorprendente fue que no hubo respuesta alguna de la Santa Sede: el Papa Francisco no respondió. Es más, según el Card. Burke, en cierto momento les dejó claro que no iba a responder: “Era nuestro deber como cardenales, cuando el Papa dejó claro que no respondería a ellas, hacerlas públicas para que los sacerdotes y los fieles laicos que tenían estas mismas dudas pudieran saber que sus dudas son legítimas y que merecen una respuesta” [34] . Los cuatro cardenales firmantes de la petición de aclaración, pasados casi dos meses sin respuesta y con una evidencia de una negativa a responder, decidieron por el bien de la Iglesia hacer pública su carta [35] , fechada el 19 de septiembre y hecha pública el 14 de noviembre, como una forma de urgir a una respuesta ante el caos que día a día va en aumento y las prácticas heterodoxas que se están introduciendo por la vía de los hechos sin que nadie las pare.

La publicación de esta carta ha sido ocasión para llevar la fractura y confrontación de Obispos y cardenales ya vivida en los Sínodos pasados a un punto de máxima tensión (el historiador católico Roberto de Mattei habla de “guerra civil religiosa” [36] ), con las dos posiciones cada vez más definidas.

Un “bando”

Pio Vito TintoMons. Pio Vito Tinto, decano de la Rota Romana en ese momento, amenazó a estos cuatro cardenales: “Lo que han hecho es un escándalo muy grave que incluso (con otros Papas) podría llevar al Santo Padre a retirarles el capelo cardenalicio como ya ha pasado en algún otro momento de la Iglesia” [37] . Sorprende la soltura para juzgar a estos cuatro cardenales y para hablar de lo que un Papa podría hacer, y más viniendo de alguien que ha estado bajo graves sospechas [38] . En cualquier caso, Mons. Tinto manipula la historia y miente cuando alude a ejemplos inconcretos del pasado, pues nunca un Papa ha retirado el capelo cardenalicio a nadie (que no fuese por renuncia del propio cardenal, es decir, por su iniciativa y no del Papa), y menos por el hecho de presentarle unas dubia para aclarar temas de doctrina y moral, lo que es precisamente la función del Sumo Pontífice y derecho, y en ciertos casos obligación, de los cardenales e incluso de cualquier fiel. Sorprende también su afirmación de que el Papa “indirectamente les ha dicho que ellos sólo ven blanco o negro, cuando en la Iglesia hay matices de colores”, no sólo por erigirse nuevamente en intérprete de un Papa mudo, sino por el argumento, indigno de un eximio canonista como se supone que él es. Así, su respuesta sobre la cuestión concreta de la Comunión en pecado mortal fue una peligrosa divagación sobre -nuevamente- la intención del Papa, que parece conocer perfectamente: “Una religiosa me dijo que hay personas divorciadas o que viven juntas que están comulgando. Y ¿qué debe hacer la Iglesia, decir tú sí y tú no? El Papa Francisco quiere una Iglesia muy cercana al pueblo”.Mons. Frangkiskos  Papamanolis

Mons. Frangkiskos  Papamanolis, presidente de la Conferencia Episcopal Griega, subió la apuesta, y además de acusar a los cuatro cardenales de escándalo y afirmar que ellos mismos deberían haber dimitido, los tildó de cismáticos y herejes [39] (sin un solo argumento para sostener tan graves acusaciones).

Joseph TobinEl neo-cardenal Joseph Tobin acusó a los cuatro veteranos cardenales de “ingenuos [40] , e incluso de herejía [41] y afirmó que Amoris Laetitia no puede “reducirse” a una cuestión de “sí o no” en una “situación pastoral específica“. Con esa respuesta podría ser calificado, sin temor a exagerar, de terrorista eclesial por la inseguridad jurídica que siembra sobre la vida de la Iglesia. ¿No hay una respuesta de sí o no en el sacramento del matrimonio, o en el sacramento de las sagradas órdenes? ¿Ese sí o no ahora son relativos y se pueden revisar? ¿El acceso a la Confesión o a la Comunión han dejado de tener condiciones?

Blase CupichOtro neo-cardenal, Blase Cupich, acusó a los cuatro cardenales de ¡ir contra el Magisterio perenne de la Iglesia por buscar claridad!, afirmando que no se puede cuestionar el Magisterio del Papa y que éste no tiene obligación de responder a las dudas, que según él no son las dudas “de la Iglesia universal”. Remitió a unas declaraciones de Francisco en Avvenire: “Algunos siguen sin comprender, o blanco o negro, pues es en el fluir de la vida que se debe discernir” [42] . Defiende que “la conciencia de alguien podría indicarle que puede recibir la comunión”, y que “la conciencia es inviolable” [43] .

diarmuid-martinMons. Diarmuid Martin incidió en el mismo argumento, tras la publicación de las dubia: Alabó Amoris Laetitia por tratar con los ‘grises’ en las vidas de los matrimonios y las parejas, lo que puso en contraste con las “valoraciones negativas” de aquellas personas, incluyendo “altos clérigos” que proponen el “blanco y negro” de “fomulaciones doctrinales [44] .

Mons. Mark ColeridgeMons. Mark Coleridge repitió el mismo argumento: tachó a los cuatro cardenales de buscar una “falsa claridad” en medio de las “sombras de gris” del mundo. Y lo explicó así: “Hay todavía personas que se sienten más a gusto, por varios motivos, con un modo más estático de pensar y de hablar. Y hay gente que quizá está más a gusto en un mundo en blanco y negro y a quienes el proceso de discernimiento, que trata con sombras de grises, les resulta confuso y molesto” [45] .

Kevin FarrellPara el neo-cardenal Kevin Farrell, el tercero de los cardenales norteamericanos creados por Francisco en el último consistorio, hay que tomar Amoris Laetitia como “el documento guía para los años futuros. Honestamente, no entiendo por qué algunos obispos piensan que deben interpretarla. Hay que tomarla tal cual es” [46] . Y añadió: “Creo que el Papa ya ha hablado suficientemente cuando el 5 de septiembre ha dado su aprobación a la exégesis de Amoris Laetitia realizada por los Obispos argentinos de la región de Buenos Aires, según la cual se da el caso de que divorciados que se han vuelto a casar por lo civil pueden hacer la comunión aunque sigan viviendo more uxorio”. Y se atrevió a criticar a Mons. Chaput por “haber transmitido a sus sacerdotes y fieles directrices cerradas en lugar de abiertas, como quiere el Papa Francisco” (por seguir las directrices de la Familiaris Consortio, de Juan Pablo II). Siguió afirmando que los críticos a Amoris Laetitiacierran su mente a ciertos matices que existen en la vida de la gente” [47] , y que “querrían que el mundo fuese más perfecto de lo que realmente es. […] La Iglesia no puede reaccionar cerrando las puertas antes de escuchar las circunstancias y a la gente. Esto no se hace así” [48] . Y quitó importancia a la polémica al identificarla con simples “diferencias de opinión” y decir que cualquier documento en la Iglesia siempre ha recibido críticas.

Fernando Sebastián AguilarEl Card. Fernando Sebastián Aguilar también defendió el texto de Amoris Laetitia y afirmó que para su interpretación correcta basta “querer entender” [49] … ¡al tiempo que tilda a los cuatro cardenales (“insignes señores”) de no haber entendido nada, y que afirma que el Papa lo que quiere decir es que se puede administrar el sacramento de la Confesión a personas en una situación de pecado… sin necesidad del propósito de enmienda porque esas personas “no pueden desentenderse” de su situación! Y así, para él, la gran novedad de Amoris Laetitia en este punto es “explicitar las circunstancias atenuantes o eximentes a esta situación en concreto” [50] .

Card. Walter KasperEl Card. Walter Kasper declaró que el Papa ya había hablado con claridad, tanto en la exhortación Amoris Laetitia como en la carta a los Obispos argentinos en la que confirmaba su interpretación de la exhortación, y que no se trata más que de un “desarrollo homogéneo de la doctrina de san Juan Pablo II” [51] .

 

Card. Christoph SchönbornEl Card. Christoph Schönborn negó que en Amoris Laetitia haya afirmaciones ambiguas o erróneas: “por lo tanto ella no debe ser atacada sino obedecida, en cuanto documento magisterial” [52] , sino que “los cardenales deben ser obedientes al Papa”, y la actitud de estos cuatro cardenales fue califcada por él de “ataque al Papa [53] . Análogas declaraciones realizó Mons. Dimitrios Salachas, exarca apostólico para los católicos de rito bizantino residentes en Grecia, quien calificó Amoris Laetitia de “bastante ortodoxa” y agradeció su “claridad [54] .

Card. Reinhard MarxEl Card. Reinhard Marx manifestó que Amoris Laetitia no es un documento “tan ambiguo como algunas personas proponen. No es sobre una nueva enseñanza”. Para acto seguido afirmar: “Es importante para el cuidado pastoral formar y respetar la decisión de la conciencia de la persona individual“, y en este sentido afirmó la posibilidad para los divorciados en una nueva unión “bajo ciertas condiciones, poder volver a la Comunión y a la Confesión. Y para esto tenemos que animar a los sacerdotes: muchos ya están actuando así. Los Obispos alemanes han tenido definitivamente un impacto sobre el Sínodo de la Familia. Creo que apoyan al Papa y consideran su documento como un positivo desarrollo [55] . Las propuestas ‘alemanas’ del Card. Marx -recordemos- buscaban, entre otras cosas, ensalzar los aspectos ‘positivos’ de las relaciones homosexuales.

Card. Claudio HummesEl Card. Claudio Hummes, manifestó sobre esta cuestión: “son sólo cuatro cardenales. En la Iglesia somos más de 200. Sin querer relativizar demasiado, cuatro son cuatro de un grupo enorme que está dando todo su apoyo al Papa” [56] . Pero -aunque el número no es decisivo para establecer la verdad, puesto que la Iglesia no es una democracia- parece que el Card. Hummes se equivoca bastante en su cálculo.

Card. Martínez SistachEl Card. Martínez Sistach y el neo-cardenal Carlos Osoro no se han pronunciado explícitamente sobre esta polémica, pero con su presencia promueven actos que propician las declaraciones de Mons. Pio Vito Pinto o Mons. Marcello Semeraro, quien criticó a los que ven “categorías” y no “personas”, y sentó la confusa premisa de que “un pequeño paso hacia el bien puede ser más agradable para Dios que toda una vida entera” [57] , totalmente contradictorio con el principio de la Sagrada Escritura de la fidelidad y la perseverancia, para completar nuestro combate en esta vida y no vernos descalificados, así como con la llamada universal a la santidad (a no ser que “con toda una vida” se refiriese a una vida entera de pecado, cosa que no parece).

Hay que hacer constar la llamativa carta de adhesión a Francisco de la Conferencia Episcopal Española tras explotar la polémica por la publicación de la carta de las dubia. Parece que fue promovida por el Card. Sebastián y por Mons. Eusebio Hernández, y luego firmada por el Card. Ricardo Blázquez, con la adhesión de todo el episcopado [58] .

El otro “bando”

Mons. Jósef WróbelMons. Jósef Wróbel fue el primer Obispo en salir en apoyo de los cuatro cardenales tras la publicación de las dubia , afirmando [lix] que “han actuado bien y han ejercido lo que está previsto en la ley canónica. Creo que no sólo tienen derecho sino incluso la obligación. Y habría sido justo responder a sus observaciones. […] El texto, efectivamente, se presta a sí mismo a varias interpretaciones, es ambiguo. […] Porque no fue bien escrito. […] Publicar textos tan importantes con prisa no presta un buen servicio a la Iglesia”. Sobre la administración de la comunión en las situaciones nuevas que se plantean, afirmó: “A nadie le es dado modificar la doctrina pues nadie es el dueño de la Iglesia“. Y sobre la práctica homosexual: “la misericordia no es un salvoconducto. Los actos homosexuales son un pecado muy grave, mucho más que los pecados cometidos entre heterosexuales. De hecho, van contra la naturaleza”.

Mons. Jan Watroba también apoyó [lx] desde Polonia la carta de los cardenales: “espero con interés la respuesta, la clarificación, sobre todo porque yo mismo me hago esas preguntas, al igual que otros obispos y pastores”. Y añadió: “Yo personalmente -quizá por costumbre, pero también con profunda convicción- prefiero los documentos como los de Juan Pablo II, que no requerían comentarios o interpretaciones de la enseñanza de Pedro”.

Cardenal Paul Josef CordesEl Cardenal Paul Josef Cordes manifestó también su apoyo a los cuatro cardenales. Afirmó que a lo largo de su historia, “la Iglesia nunca ha rechazado el contenido central y la verdad de las enseñanzas de Jesucristo”, y citó la enseñanza del Papa Juan Pablo II sobre el tema en discusión. Y dijo: “Los cuatro cardenales han pedido de forma objetiva, que se despejen las dudas acerca del texto [Amoris Laetitia]. Sus dubia recibieron un rechazo desproporcionado, me es difícil comprender la indignación que ha causado; me cuesta creer que las personas que se han molestado tanto, estén motivadas por un deseo de conocer la verdad [61] . Para explicar la situación de la Iglesia hizo una comparación con el cisma y la herejía arrianos y citó la parábola del trigo y la cizaña. También recordó la promesa del Señor de asistir a su Iglesia con el Espíritu de la Verdad y de no permitir que las puertas del infierno prevalezcan. Pidió además que el Card. Müller diese una respuesta.

Card. Gerhard MüllerEl Card. Gerhard Müller, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, manifestó que él no podía responder puesto que el Papa no le había pedido que respondiese y la carta había sido dirigida al Papa. Pero aprovechó para recordar la respuesta del Card. Ratzinger en 1994 (como prefecto de la CDF) a tres Obispos alemanes (entre ellos el Card. Kasper) sobre estos temas… (la respuesta obvia hasta hace cuatro días, y todavía obvia para cualquier verdadero creyente mínimamente formado: negaba la posibilidad del acceso a la Comunión bajo esas circunstancias, es decir: que en 1994 era posible decir sí o no). Además, el Card. Müller aprovechó para remarcar que la indisolubilidad del matrimonio debe ser “el fundamento inquebrantable de la enseñanza en todo acompañamiento pastoral” [62] , y enfatizó que “no forma parte del poder del Magisterio corregir la revelación de Dios [63] y las declaraciones vinculantes de los Papas y de los Concilios.

george-pellEl Card. George Pell también apoyó la carta de los cuatro cardenales, afirmando que “algunos católicos están actualmente incómodos [64] . Criticó que “enfatizar la primacía de la conciencia podría tener efectos desastrosos si la conciencia no se somete siempre a la enseñanza revelada y a la ley moral”. Además, señaló que aquellos que enfatizan “la primacía de la conciencia” sólo parecen aplicarla a la moral sexual y a cuestiones relativas a la santidad de la vida: “rara vez se aconseja a nadie seguir su conciencia si dicen que son racistas o reticentes a ayudar a los pobres y vulnerables”. Citó los escritos sobre la conciencia del Beato John Henry Newman, donde rechazó una “miserable falsificación” de la conciencia como “el derecho a la libre voluntad”. Señaló que Newman defendió a los Papas Pío IX y Gregorio XVI, quienes “condenaron una conciencia que rechazaba a Dios y rechazaba la ley natural”. Y también citó dos grandes encíclicas” de San Juan Pablo II, Veritatis Splendor y Evangelium Vitae, que presentan la ley moral como algo obligatorio en todos los casos. Añadió: “La idea de que de alguna manera uno pueda discernir que las verdades morales no deben ser seguidas o no deben ser reconocidas [es] absurda. […] Todos estamos sometidos a la verdad“. Sobre las preguntas de los cuatro cardenales afirmó: “¿Cómo puede uno estar en desacuerdo con una pregunta?“, y que preguntar sobre cinco cuestiones es “significativo”. Afirmó que la verdad sobre el castigo eterno se ha minimizado, al tiempo que se ha generalizado una idea equivocada de la conciencia, y que una vida pecaminosa hace difícil percibir la verdad, incluyendo las verdades morales -y así no entender la ley moral podría ser resultado del pecado-. Para concluir: “ahora, la idea de ignorancia moral culpable se discute tan infrecuentemente como las penas del infierno”.

Mons. James ConleyMons. James D. Conley [67a] afirmó igualmente que “la preguntas presentadas al Santo Padre se han planteado para ayudar a conseguir claridad [67] . Y reiteró la enseñanza tradicional sobre el matrimonio y el acceso a la Comunión, concluyendo con esta reflexión: “la fiel atención pastoral requiere que alentemos a los católicos a vivir según la enseñanza del Evangelio, y los acompañemos a medida que crezcan en la comprensión y aceptación del llamado del Señor… la meta de nuestro ministerio pastoral es la salvación de las almas. Y dicho ministerio se lleva a cabo mediante la cooperación con la gracia, y la obediencia a la verdad [68] .

Card. Renato Raffaele MartinoEl Card. Renato Raffaele Martino también se manifestó a favor de las dubia [69] : “es lícito en temas de doctrina dirigir al Papa una opinión y también es justo responder”, sobre todo porque ese “caso por caso” del cual habla Amoris Laetitia efectivamente “puede prestarse a interpretaciones dudosas“. Reafirmó asimismo la doctrina católica de la indisolubilidad del matrimonio [70] .

Mons. Andreas LaunMons. Andreas Laun manifestó: “he leído las preocupaciones de los cuatro Cardenales, y ¡estoy de acuerdo con ellos! Además, conozco personalmente a los Cardenales Meisner y Caffarra y sé cuán competentes son. Con ellos, estoy en la mejor compañía. […] ¡Lo que han hecho los Cardenales es un servicio al Magisterio de la Iglesia!” [71] . Además, explicó que “a lo largo de la historia, hay muchos ejemplos de respuestas críticas a un Papa; pero éstas tienen que seguir la ‘moralidad de la crítica’, es decir, formularlas de manera educada, con objetividad, justicia, nacidas de la caridad, y con una alta comprensión de la persona a que se va a dirigir la crítica porque cada crítica también hiere en mayor o menor medida”. Añadió que “El Papa no puede rebajar o elevar un estándar moral -igual que no puede cambiar una ley física- pues las leyes morales son leyes divinas, y si hablamos de meras leyes humanas positivas, no son parte de la moralidad como tal”. Hablando de la posibilidad de que haya Obispos que no se pronuncien, comentó: “Como dijo san Gregorio Magno, el silencio puede ser pecado, y Otto von Habsburg dijo que la cobardía es uno de los principales vicios de nuestro tiempo”. Y sobre la posibilidad del acceso a los sacramentos de los divorciados en nueva unión: “se trata nada más que de la verdad, no se trata de cómo me siento. Esta cuestión objetiva no tiene nada que ver con la misericordia. ¿Podría san Juan Bautista haber permitido ‘misericordiosamente’ a Herodes tener a la esposa de su hermano?”.

Mons. Athanasius SchneiderMons. Athanasius Schneider, citando 2 Co 13,8 calificó la voz de los cuatro cardenales de “profética [72] , citando además la corrección pública de san Pablo a san Pedro (Ga 2,11-14): “Uno debe confiar que el papa Francisco aceptará esta súplica pública de los cuatro cardenales con el espíritu del Apóstol Pedro cuando San Pablo le ofreció una corrección fraterna por el bien de toda la Iglesia”. Afirma que “al publicar un pedido de claridad en un asunto que concierne simultáneamente a la verdad y a la santidad de tres sacramentos, el Matrimonio, la Penitencia y la Eucaristía, los cuatro cardenales sólo cumplieron con el deber básico como Obispos y cardenales, que consiste en contribuir activamente para que la revelación transmitida por los apóstoles pueda ser preservada sagradamente e interpretada fielmente“. Sin embargo cita contra ellos “estrategias para silenciarlos y campañas de difamación“. Y afirma que “las relaciones en todos los niveles dentro de la Iglesia deben estar libres de un clima de miedo o intimidación, tal como solicitó el papa Francisco en varios pronunciamientos”, por lo que “las reacciones extraordinariamente violentas e intolerantes de algunos Obispos y Cardenales contra la pacífica y cautelosa súplica de los cuatro cardenales provocan un gran asombro […]. Tales juicios despiadados y terminantes no revelan sólo intolerancia, rechazo al diálogo, y furia irracional, sino que también demuestran sometimiento a la imposibilidad de decir la verdad, sometimiento al relativismo en la doctrina y en la práctica, en la fe y en la vida. La reacción clerical antes mencionada contra la voz profética de los cuatro cardenales refleja, en última instancia, impotencia frente a los ojos de la verdad. Tal reacción violenta sólo tiene un objetivo: silenciar la voz de la verdad que perturba y fastidia la aparentemente pacífica y nebulosa ambigüedad de estos críticos clericales”. En la misma línea, manifestó en una entrevista en Sevilla: “(los cuatro cardenales) en seguida fueron acusados de cismáticos, de que están contra el Papa, etc. Estas acusaciones muestran que aquellos que los acusan quieren crear en la Iglesia un clima no de familia, no de colegialidad, no de un debate sin temor, sino una especie de atmósfera espiritual que es semejante a una dictadura donde todos tienen miedo de hacer una pregunta porque no va a ser conforme a la línea general de pensamiento” [73] .

También afirmó Mons. Schneider que muchos viven en un ‘cisma interior’: “numerosos eclesiásticos mantienen la unidad formal con el Papa, a veces por el bien de su propia carrera o por un tipo de papolatría”, pero “al mismo tiempo han roto sus lazos con Cristo, la Verdad, y con Cristo, la verdadera Cabeza de la Iglesia”, negando la verdad sobre el matrimonio y abrazando “un evangelio de libertad sexual” que carece del sexto mandamiento [74] .

Y ya en junio pasado reclamó que: “Es muy urgente que el Papa afirme más claramente de un modo que no deje espacio a la ambigüedad ni a malas interpretaciones el tema de la familia, de la santidad del matrimonio, y especialmente el asunto que está causando tanta confusión en la Iglesia tras la publicación de la exhortación apostólica Amoris Laetitia, de la admisión de los divorciados vueltos a casar a la Comunión” [75] . Y Mons. Schneider concluye: “Los cuatro cardenales con su voz profética demandando claridad doctrinal y pastoral tienen un gran mérito frente a sus propias conciencias, frente a la historia, y frente a innumerables fieles católicos sencillos de nuestros días, empujados hacia la periferia eclesial por su fidelidad a las enseñanzas de Jesucristo sobre la indisolubilidad del matrimonio. Pero sobre todo, los cuatro cardenales tienen un mérito grande a los ojos de Jesucristo. Debido al coraje de su voz, sus nombres brillarán ardientemente el día del Juicio Final”.

Mons. Charles ChaputMons. Charles Chaput se defendió de las acusaciones del neo-cardenal Farrell contra él: “yo fui delegado en el Sínodo de 2015 y luego elegido y nombrado para el consejo sinodal permanente. Por lo tanto, tengo una familiaridad con el tema y su contexto que el designado Cardenal Farrell tal vez no tiene. […] Me pregunto si el designado Card. Farrell realmente ha leído y entendido las instrucciones de Filadelfia que parece cuestionar. Las directrices ponen énfasis claro en la misericordia y la compasión. Esto tiene sentido porque las circunstancias individuales son a menudo complejas. La vida es complicada. Pero la misericordia y la compasión no se pueden separar de la verdad y seguir siendo virtudes auténticas. La Iglesia no puede contradecir o sortear la Escritura y su propia enseñanza sin invalidar su misión. Esto debería ser obvio. […] De acuerdo con el derecho canónico -por no decir de acuerdo con el sentido común- el gobierno de una Diócesis pertenece al Obispo local como sucesor de los apóstoles; […] como ex-Obispo residencial, el designado Card. Farrell seguramente lo sabe. Y eso hace sus comentarios aún más extraños, a la luz de nuestro compromiso con una colegialidad fraterna” [76] . Y afirmó sobre Amoris Laetitia: “Si el documento tiene elementos que algunos académicos católicos serios ven como ambiguos, entonces los temas que ellos presentan tienen que ser tratados honesta y directamente. Las diferencias y discusiones que los Obispos están teniendo ahora sobre la recepción del documento son probablemente necesarias para su adecuada incorporación en la vida de la Iglesia” [77] . “En una cuestión tan vital como el matrimonio sacramental, las dudas y las ambigüedades no son ni sabias ni caritativas“.

Mons. Ignazio ZambitoMons. Ignazio Zambito manifestó que: “El Papa Francisco debería responder a los cuatro cardenales porque Amoris Laetitia está abierta a interpretaciones dudosas [78] , que la propuesta de las dubia es parte de la enseñanza tradicional de la Iglesia, y en el campo de la doctrina es conforme a la ley buscar explicaciones por el bien de la Iglesia y de los fieles, y no ve la razón para tanta indignación por las dubia. Admitió que el capítulo 8 de Amoris Laetitia se presta a interpretaciones dudosas que necesitan clarificación, que demandan claridad. Y que sería bueno evitar lo que está ocurriendo: la emergencia de diferentes prácticas de un lugar a otro. En cuanto a las entrevistas que concede el Papa Francisco: “digo con franqueza que es mejor evitarlas, dar menos entrevistas y, sobre todo, mayor prudencia”.

Card. Robert SarahEl Card. Robert Sarah manifestó también, sumándose a la polémica, que “la Iglesia toda siempre mantuvo con firmeza que no se puede recibir la comunión cuando uno es consciente que ha cometido un pecado grave, principio que fue confirmado definitivamente por la encíclica Ecclesia de Eucharistia, de San Juan Pablo II” [79] , y agregó que “ni siquiera un Papa puede desvincularse de esta ley divina“. Lamentó la gran confusión que reina en el catolicismo, “incluso entre los Obispos [80] .

Está claro que “los cuatro” cardenales no están solos, ni dentro del colegio cardenalicio ni entre sus hermanos Obispos. Y otros pueden estar esperando el discurrir de los acontecimientos y la ocasión propicia para manifestarse. Se habla ya de unos 30 cardenales más y al menos otros 100 Obispos de todo el mundo. De hecho, poco a poco se han ido manifestando los que hemos mencionado, como con cuentagotas (y la mayoría hasta ahora lo han hecho para apoyar a “los cuatro” cardenales, sobre todo si contamos algunas otras declaraciones conciliatorias [80 b]), por lo que el “goteo” de declaraciones se espera que continúe.

Así que, por un lado tenemos a un grupo de valientes movidos por el amor a la verdad, al bien de la Iglesia y a la salvación de las almas. Por otro lado tenemos a un grupo de herejes (al menos herejes materiales) envalentonados, que actúan sin disimulo, con soberbia y prepotencia, creyéndose respaldados en sus posturas, como si hasta ahora hubiesen tensado la cuerda y medido las fuerzas y de repente se hubiesen desatado, que actúan además -todo lo indica- de forma coordinada [81] , y siguiendo una agenda oculta (mucho se habla de la agenda Kasper, de la mafia de Sankt Gallen, etc.), pareciera que siguiendo un plan trazado hace tiempo con el fin de destruir la Iglesia desde dentro. Es más, según declaraciones de Mons. Bruno Forte, el mismo Papa estaría colaborando con dolo con esta agenda [82] , lo que también interpretan algunos famosos teólogos [83] . Lo cierto es que desde la misma Santa Sede (y a su imagen y semejanza, en muchas curias diocesanas) se ha instaurado un clima de miedo [84] que trata de disuadir que salgan más “valientes” a dejar en evidencia todo lo que no se ajusta a la Revelación y al Magisterio de la Iglesia.

Entre medias, seguramente tenemos agazapados muchos otros herejes (materiales, al menos), esperando el momento de manifestarse y declararse abiertamente, con el viento todavía más a favor. Y seguramente otros Obispos y cardenales amantes de la verdad y que quieren ser fieles al Señor, que estarán viviendo una gran angustia y contradicción internas, y que están intentando capear el temporal en sus Diócesis y hacer las cosas lo mejor posible. Ellos también saldrán públicamente a la palestra en cierto momento. Y luego, un montón, quizás la mayoría de Obispos, que como perros mudos (Is 56,10) callan y se amoldan a los ‘tiempos’ y a las doctrinas cambiantes con la misma facilidad con que muchos políticos cambian de chaqueta. Representan lo que fueron en su momento los filo-arrianos, la mayor parte de los Obispos de su tiempo, que sin ser arrianos, cedieron para conservar sus puestos y no sufrir el exilio, compaginando lo incompaginable. Tibios, trepas,… detentadores de puestos y cargos, que en vez de hacerlo para el servicio de Dios entregando sus vidas en la empresa, se venden por un plato de lentejas para conservar sus privilegios cuando los tiempos son difíciles. Sin temor de Dios ni de los hombres, como el juez injusto de la parábola, éstos son los más peligrosos, puesto que sin ellos, los que hacen la labor de socavar los cimientos de la Iglesia para buscar su ruina no tendrían nada que hacer. Ellos traicionarán a sus hermanos fieles como profetizó el Señor y se convertirán en detractores y perseguidores de los justos, como los filo-arrianos en su día para conservar la ‘paz’ con los arrianos denunciaron y se opusieron a los Obispos fieles.

¿Y ahora?

¿Qué ocurrirá a partir de ahora? Todo indica que los apoyos se seguirán sumando a uno y otro lado, manifestando una de las divisiones más graves de la historia de la Iglesia, una división que existe ya y en la que el Papa Francisco está tomando parte no formalmente por el momento (hasta que no se vea obligado de alguna manera a responder o sea confrontado por los cardenales que piden claridad en la verdad de la doctrina de la Iglesia), pero en la que sí está tomando parte informalmente… del lado del error:

  • Con su inacción ante los desmanes de Obispos y conferencias episcopales enteras.
  • Con sus gestos de apoyo extraoficial a estos últimos y a su ‘agenda’: sea en la entrevista en un avión tras la publicación de Amoris Laetitia en respuesta a la pregunta de un periodista sobre si se puede dar ahora la Sagrada Comunión a los divorciados que conviven en una nueva unión (el famoso y terrorífico “yo puedo decir sí, punto”, que se escucha en el vídeo [85] , y que la oficina de prensa del Vaticano ‘suavizó’ [86] en la transcripción [87] ‘oficial’ con un “yo podría decir sí, y punto”, y no es la primera vez que trampean de este modo miserable últimamente -en italiano: “io posso dire sì, punto”, adulterado en la transcripción como “io potrei dire sì; e punto”-); sea con la carta a los Obispos de la región de Buenos Aires [88] , fechada el 5 de septiembre y que se hizo pública el 13 de septiembre en L’Osservatore Romano (en que aprueba como la interpretación auténtica del capítulo VIII de Amoris Laetitia la medida que han decidido aplicar esos Obispos: la distribución de la comunión a personas en pecado mortal, y los anima a ello, eso sí, sin usar membrete oficial en la carta…).
  • Con sus errores de fondo y expresiones ambiguas en Amoris Laetitia: Dos reconocidos filósofos católicos sintetizaron en ocho los gravísimos y destructivos errores [89] que pueden resultar del “mal uso” de la exhortación. Ya antes otro intelectual católico de enorme altura, como el filósofo Robert Spaemann, amigo personal de Benedicto XVI, había explicado que Amoris Laetitia suponía una ruptura y era absolutamente irreconciliable con el Magisterio anterior [90] . Y 45 estudiosos católicos también de prestigio recogieron e hicieron pública una lista de 19 proposiciones heréticas [91] contenidas en Amoris Laetitia. Muchos son los que piden que se corrijan estos errores [92] o que directamente se retire [93] Amoris Laetitia, muchos los que se están manifestando en apoyo de las dubia y pidiendo que sean respondidas [94] .
  • Con su renuncia del ejercicio del ministerio petrino al no querer confirmar en la fe a los cristianos, ante la súplica de los cuatro cardenales.
  • Con la promoción de Obispos y cardenales indignos y claramente subversivos contra el depósito de la fe y el Magisterio de la Iglesia (a modo de rápido diagnóstico, repásense las posturas y las declaraciones, recogidas en este artículo, de los neo-cardenales que se han manifestado públicamente sobre la carta de los cuatro cardenales).

Todos estos modos de obrar y muchos otros gestos y declaraciones de Francisco, tomados por separado, serían condenables, mas quizá algunos de ellos justificables por poder estar hasta cierto punto atado de manos, por incapacidad personal, por contar con malos colaboradores y otras posibles justificaciones. Pero tomados en conjunto y vista su consistencia y constancia, sólo nos pueden indicar que la voluntad del que ocupa ahora la Cátedra de Pedro es contraria al bien de la Iglesia y de la salvación de las almas y su mente no asiente al depósito de la fe ni ama la verdad como se espera de un Pastor, cuánto más del vicario de Cristo.

Sólo queda rezar… y seguir proclamando y defendiendo la verdad. Estamos ante un Papa que podría llevar a la Iglesia a un cisma, e incluso en cierto sentido, provocarlo él mismo. Según una información del importante semanario alemán Der Spiegel (y no desmentida), él mismo lo ha dicho recientemente: “No descartaría que pase a la historia como el que dividió a la Iglesia Católica [95] . Otros testimonios de colaboradores próximos a Francisco parecen confirmar la verosimilitud de este tipo de expresiones. Explica el P. António Spadaro, S.I., la actitud de Francisco en términos dialécticos, de lucha y tensión, de oposición, e incluso oposición “ideológica” y no de apertura a la aclaración doctrinal que busca profundizar en la verdad revelada: “La cuestión no es sobre cuatro cardenales u otros cualquiera. Francisco lo ha dicho muchas veces, que le gusta la oposición. No es un problema para él. Siempre ha tenido oposición en su vida. Se acostumbró a la oposición y se dio cuenta de que la vida está hecha por la tensión. Y porque la vida es hecha por la tensión, si no hay tensión no hay vida. Una buena señal de la eficacia del proceso de reforma es precisamente la aparición de la oposición. Pero el Papa Francisco distingue entre dos tipos de oposición: Hay oposición que es la crítica de las personas que se preocupan por la Iglesia. Aman a la Iglesia. Ellos realmente quieren, en buena conciencia, el bien de la Iglesia. Pero hay otro tipo de oposición que es sólo la imposición de la propia opinión, que es oposición ideológica. El Papa escucha a la primera y está abierto al aprendizaje. Pero él no presta demasiada atención a la segunda clase” [96] .

La única esperanza para Francisco es que se retracte cuando sea corregido públicamente por algunos cardenales, para no permanecer pertinazmente en el error, y no caer en herejía y en cisma. La única esperanza para la Iglesia es que sus miembros defendamos la verdad y permanezcamos unidos a nuestra Cabeza, Jesucristo.

Card. BurkeEl Card. Burke manifestó el 15 de diciembre que con su carta los cardenales no están acrecentando la división en la Iglesia (como les acusó de hacer el P. Spadaro), “de hecho estamos tratando de abordar la división que ya está muy ‘acrecentada’, por usar su frase; […] y sólo cuando estas preguntas sean respondidas adecuadamente, se disipará la división. Pero como está ocurriendo ahora, mientras esto continúe, la división sólo crecerá y, por supuesto, el fruto de la división es el error. Y aquí estamos hablando de la salvación de las almas” [97] . Y añadió, sobre el asunto del acceso a la Sagrada Comunión: “La cuestión es qué enseña la Iglesia. No es un asunto de alguna idea especulativa que yo pueda tener sobre cómo afrontar estas cuestiones, sino cómo Cristo en su Iglesia responde a estas cuestiones. Es así, y hasta que esa respuesta no se dé permanecemos en un estado de confusión.

El mismo Card. Burke declaró el 5 de diciembre: “Los cardenales somos el senado del Papa y sus primeros consejeros y debemos, sobre todo, servir al Papa diciéndole la verdad. Someter preguntas, como hemos hecho, al Papa, está en la tradición de la Iglesia, específicamente para  evitar divisiones y confusiones. Hicimos esto con el más alto respeto al Ministerio Petrino, sin perder la reverencia a la persona del Papa. Hay muchas preguntas, pero las cinco principales cuestiones que hemos planteado deben, por necesidad, tener una respuesta, por la salvación de las almas. Oramos cada día por una respuesta fiel a la Tradición, en la línea apostólica ininterrumpida que nos remonta a Nuestro Señor Jesucristo” [98] . Y el 19 de diciembre afirmaba: “Las dubia tienen que tener una repuesta puesto que tienen que ver con los mismos fundamentos de la vida moral y con la doctrina constante de la Iglesia sobre el bien y el mal, en relación a varias realidades sagradas, como el matrimonio y la Sagrada Comunión” [99] . En términos parecidos se manifestó el Card. Brandmüller: “Nosotros, los cardenales, esperamos una respuesta a las dubia, puesto que una falta de respuesta sería visto por muchos dentro de la Iglesia como un rechazo de la adhesión clara y articulada a la doctrina definida con claridad [100] .

card-caffarraY por su parte el Card. Caffarra, hizo hincapié en las interpretaciones opuestas y contradictorias de la Amoris Laetitia que están dando Obispos diferentes incluso dentro del mismo país, lo que es un claro indicador de la falta de claridad del texto y de la necesidad de respuesta a las dubia [101] .

Pero si el Papa no respondiese, el Card. Burke habló de la posibilidad de una corrección formal al Papa: “sería directa, como son las dubia, sólo que en este caso no se plantearían preguntas, sino que se confrontarían las declaraciones confusas de Amoris Laetitia con lo que han sido la enseñanza y práctica constantes de la Iglesia, y así corregir Amoris Laetitia. Es una institución antigua en la Iglesia, la corrección del Papa. Esto no ha sucedido en los últimos siglos, pero hay ejemplos, y se lleva a cabo con absoluto respeto por el oficio de Sucesor de San Pedro, de hecho, la corrección del Papa es en realidad una forma de salvaguardar ese oficio y su ejercicio“. El Card. Branmüller, por su parte, aclaró que, “en primera instancia, una corrección fraterna debería producirse in camera caritatis” (es decir, en privado) [102] .

Es más, ya hay fecha para esa corrección. Todo indica que el Papa Francisco va a ser corregido formalmente por error grave por un grupo de cardenales a finales de enero o en febrero, incluso se avanza la fecha del 22 de febrero [103] , como se deduce de las palabras del Card. Burke en la citada entrevista. Todavía el Card. Burke avisó: “Hay una división muy seria en la Iglesia, que tiene que ser corregida porque tiene que ver con el magisterio dogmático fundamental y con la enseñanza moral. Y si no es clarificada pronto, podría dar lugar a un cisma formal“. Y sobre la posibilidad de que un Papa cayese en herejía: “Si un Papa profesara formalmente herejía, cesaría -por el mismo hecho- de ser Papa. Es automático. Y así podría ocurrir [104] .Card. Branmüller

¿Y qué pasará después de esa corrección? Oremos y esperemos, no adelantemos acontecimientos. Pero el panorama es triste y sombrío, quizá como nunca antes en la historia de la Iglesia, pues la gravedad de las doctrinas que se encuentran comprometidas hoy por el error en su conjunto, que lo toca casi todo, superan la gravedad ya de por sí gigantesca de la herejía arriana u otras herejías particulares, y la profundidad y los motivos de la división actual superan con mucho a los de los grandes cismas de Oriente y de Occidente. Y si el Papa Liberio excomulgó a san Atanasio y se decantó del lado de los herejes y los cobardes, podría suceder algo parecido o peor con el Papa Francisco. Un puñado de Obispos fieles y valientes, y el sensus fidelium del pueblo cristiano salvaron a la Iglesia entonces, pero la purificación fue dura. No parece que hoy vaya a ser más fácil.

El Card. Brandmüller también se ha manifestado con valentía y claridad: “quien piense que el adulterio persistente y la recepción de la sagrada Comunión son compatibles es un hereje y está promoviendo un cisma [105] . Advirtiendo, además: “según el Apóstol San Pablo, somos administradores de los misterios de Dios y no sus dueños“.

Oremos al que es el Misterio revelado y patente en la plenitud de los tiempos, que en la Encarnación se mostró frágil, pero que escogió precisamente tal camino para confundir a los soberbios por un lado, mientras permitía que los sencillos se acercasen a él, contemplasen su gloria y fuesen transformados por su Luz.

 

Post-Scriptum: A la lista de cardenales favorables a las dubia hay que sumar el Cardenal Joseph Zen, el Cardenal Wilfrid Fox Napier, el Cardenal Camilo Ruini, el Cardenal Francis Arinze y el Cardenal Ennio Antonelli, el Cardenal Velasio de Paolis, el Cardenal Moran Mor Baselios Cleemis, el Cardenal Dominik Jaroslav Duka, el Cardenal John Olorunfemi Onaiyekan, el Cardenal Willem Jacobus Eijk, Thomas Christopher Collins, el Cardenal Daniel Nicholas DiNardo, el Cardenal Timothy Michael Dolan, el Cardenal John Njue, el Cardenal Elio Sgreccia, el Cardenal Antonio María Rouco Varela, y el Cardenal Jorge Liberato Urosa Savino, así como los Arzobispos Héctor Aguer, Tomash Peta, Jan Pawel LengaWilliam E. Lori, Alexander K. Sample, Terrence Thomas Prendergast, Jānis Card. PujatsStanisław Gądecki, Richard W. Smith, Gerard Pettipas, Wolfgang HaasLuigi Negri, y los Obispos Fernando Arêas RifanSteven Lopes, Ratko PericVitus Huonder, Antonio C. Rossi, David Kagan, Juan Antonio Reig Pla, Scott MacCaig, Philip EganThomas J. Olmsted, James ConleyIgnazio ZambitoJuan Rodolfo Laise, Taras Senkiv Frederick Henry, Mark Hagemoen, Paul TerrioJosé Francisco Ulloa Rojas, Adriano Langa, Jonas KauneckasAnthony Lee Kok Hin, Gregory J. Bittman, Rigoberto Corredor Bermúdez y Thomas Paprocki,… al menos.

 

Bonifacio Gómez de Castilla

3 Cualquier acompañamiento equilibrado será una invitación a la conversión, no una confirmación en el pecado. Ciertamente, hay muchos modos (más o menos oportunos en cada caso, seguramente) de invitar a la conversión; pero lo que supone cruzar una línea roja que convierte una acción “pastoral” en un servicio más bien al diablo, es cualquier modo de confirmar a las personas en el pecado. Éste es un tema suficientemente grave, pues de él depende la salvación eterna de muchas almas, como para no admitir componendas ni subterfugios retóricos con los que evitar hablar del pecado, de situaciones objetivas de pecado, o de pecados contra la naturaleza, como la Iglesia ha hecho a lo largo de toda su historia de acuerdo al depósito de la fe.

38 Es uno de los clérigos que apareció en la famosa lista Pecorelli, publicada entre 1976 y 1978 por ese famoso periodista italiano, masón arrepentido, con los nombres de 124 supuestos eclesiásticos masones, incluyendo algunos Obispos y cardenales. Tras publicar esa lista, con cerca de 1.000 nombres, también de políticos y banqueros, Carmine (Mino) Pecorelli fue asesinado en 1979 con 5 disparos bajo la sede de su periódico.

Bonifacio Gómez de Castilla

Sacerdote español misionero en Centro-Europa y otros países, con humor para reírse de sí mismo y celo por todas las almas.

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4 comentarios en “¿Grave división en la Iglesia? Un resumen de la situación al inicio de 2017

    1. Muy probablemente. El padre Malachi Martin, que tuvo acceso al tercer secreto de Fátima, habla sobre esto. Otras personas con acceso al secreto confirman también esto.

  1. La verdad que me parece tristisimo que el autor piense de esta forma. La primera pregunta que le haría seria: usted escribió esto con amor? Hacia sus hermanos y hacia el Santo Padre? Su verdadero deseo es conocer y buscar la verdad? O simplemente hacer un escandalo alarmando de un posible sisma en la Iglesia? Ciertamente usted podra estar muy informado de todos los cardenales, lo que dicen, lo que hacen y lo que piensan. Pero lamento decirle que usted parece tener muy poco amor por la iglesia Católica. Usted piensa que tachando de HEREJES a sus hermanos es corregir fraternalmente? Que lejos estamos como Iglesia caminar juntos hacia el amor.
    Lamento decirle que esto no es buscar la claridad, esto es sembrar odio y división. Recemos con fe y amor para que sea el ES quien aclare esta dudas, pero principalmente nos mantenga unidos y nos ayude a, cada día, AMAR MÁS.

    1. Sí, escribí esto con amor: profundo amor a la Iglesia y a Cristo. Seguramente, me queda mucho por crecer en ese amor-agape que el Señor nos mostró. Pero quien tiene ese amor estará inflamado de celo por las cosas santas, y no callará por cobardía o contemporización. ¿Acaso los profetas que denunciaban el pecado en el pueblo y en sus sacerdotes lo hacían por falta de amor? No, antes bien, inspirados por el Espíritu Santo de Dios, el Amor perfecto (no como el nuestro).

      El escándalo es lo que está pasando. Relatar lo que está pasando es traer claridad para colaborar a sanar el cáncer que padecemos. Si a usted le parece mejor cerrar los ojos y decir que no pasa nada, que los síntomas deben ser un espejismo… allá usted.

      Chesterton decía que cuando entró en la Iglesia se le pidió quitarse el sombrero, pero no la cabeza. Empecemos por usar la cabeza un poco y pensar con orden. Hay que combatir la confusión y el engaño, armas favoritas del diablo, y las tinieblas, con la luz de Cristo.

      No hace falta que le recuerde los cánones de Concilios y del Magisterio perenne de la Iglesia que declaran anatema a quienes hagan o defiendan cosas que hoy se están haciendo y diciendo. ¿A la Iglesia entonces le falta amor por anatematizar el error? ¿O más bien el escándalo es que todo parezca lo mismo y la fe sea pisoteada cada día y multitud de fieles confundidos sean puestos en el camino de la perdición eterna, por no defender ya la verdad?

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