Exclusiva sobre el aborto

Nos hacemos eco de una exclusiva aparecida en Apostasía Digital y de la que se hacen eco otros afamados medios como Transgresión Digital, y que traemos aquí no porque compartamos su línea editorial sino tan sólo para la consideración de nuestros amables lectores, que sabrán sacar las oportunas conclusiones de esta importante información. A continuación, la noticia original tal cual:

Un enviado especial al futuro de Apostasía Digital nos trae en exclusiva un documento de la Congregación para la Doctrina de la Fe aprobado con la firma de Francisco. Su publicación, tras la exhortación apostólica post-sinodal Iuventutis Laetitia, no ha podido ser más oportuna, pues muchas de las dudas planteadas por los círculos de jóvenes en el Vaticano tenían que ver con la posibilidad del acceso a la comunión de chicas que habían abortado y pensaban volver a abortar en iguales circunstancias, tema que tocó la citada exhortación apostólica en una nota a pie de página y que ahora este documento de la CDF aclara en profundidad con un exquisito equilibrio misericordioso. Citamos la traducción al español del documento oficial original en italiano napolitano:

El aborto es un drama, un fracaso, y no podemos juzgar a nadie por fracasar en la vida, pues la vida está hecha de fracasos. La Iglesia quiere acompañar y respetar la sagrada decisión de la conciencia individual de cada mujer que se ve obligada a abortar, pues la conciencia individual es la última instancia delante de la que la persona se encuentra con su mismidad en diálogo con la Trascendencia. Nos unimos así a los gozos y a las penas, a las luchas y a los fracasos de cada ser humano y en particular de cada mujer, con una mirada misericordiosa.

Siempre se ha considerado que en caso de peligro para la vida de la madre el aborto es legítimo (alguien nos dijo que Santo Tomás decía eso, aunque seguimos buscando la cita exacta). Esa terrible decisión cabe a la decisión de cada mujer en su conciencia. Los riesgos para la vida son muchos, no lo olvidemos, también y sobre todo morales.

Aunque la ciencia ha demostrado que el feto es un ser humano desde el momento de la concepción, tenemos que considerarlo un ser humano “en gestación”, dependiente de su madre para todo. Es por tanto la madre la que decide, mientras el feto no es viable, si puede continuar o no con la gestación, atendiendo a los citados riesgos para su vida, físicos o morales. En estas terribles decisiones la Iglesia debe discernir hasta donde pueda las circunstancias que vive la madre y que la pueden llevar a decantarse por un aborto, pero sabiendo que en última instancia este discernimiento pastoral no puede llegar a lo íntimo de la conciencia de la madre, y que la gracia puede actuar aun en medio de situaciones de fracaso como ésta.

Si una madre que ha abortado considera en conciencia que está en condiciones de acercarse a comulgar no se le debe impedir. Y si además (con anterioridad o posterioridad) quisiere confesarse, aunque piense volver a abortar en circunstancias semejantes, podrá hacerlo. El sacerdote, con el signo de la paz confortará su corazón fracasado para reintegrarla a la alegría del evangelio. Deben darse instrucciones a todos los Obispos, sacerdotes, diáconos y diaconisas para saber hacer un acompañamiento pastoral misericordioso en estos casos, teniendo en cuenta que en la vida no hay blancos ni negros sino una amplia gama de grises, desde el gris plomizo (¡qué plomo!) hasta el gris perla (¡qué perla!).

La iglesia se identifica con las periferias existenciales, pues el mismo Jesús de Nazaret se identificó con los que sufren y con los excluidos: en una palabra, con los fracasados, pues él mismo fracasó en la cruz. Por tanto, en cada madre que aborta debemos ver, con una mirada contemplativa, a Jesús crucificado. Tendamos puentes y seamos inclusivos, pues de lo contrario no seríamos la Iglesia de Jesús-Puente que abraza a toda la humanidad desde su fracaso, comprendiendo y solidarizándose con el sufrimiento de cada hombre y de cada mujer.

Hay situaciones en que no podemos pedir a las personas cambiar su decisión, pues les resultaría imposible. Y de hecho, si llegasen a renunciar al aborto resultaría en un mal mayor para su otra familia, especialmente cuando una madre ya tiene hijos a su cargo que atender y de los que no se puede deshacer (a menos que esté casada, porque en ese caso puede divorciarse y dejar los hijos a cargo de su cónyuge, o abortar, o abortar y divorciarse, o divorciarse y abortar). Se trata, de hecho, de una actitud responsable y realista que la Iglesia puede sólo alabar y promover, como ya han hecho los Obispos de la región de Buenos Aires, los Obispos de Malta, el presidente de la Conferencia Episcopal de Filipinas, el Arzobispo de Denver (USA), el Arzobispo de Granada (España), numerosos Obispos alemanes y austriacos, o el Cardenal Vicario de la diócesis de Roma, y lo que te rondaré morena.

Es cierto que algunos herejes, apóstatas, rigoristas, semi-pelagianos auto-referenciales excluyentes, rígidos, legalistas, y ex-Obispos varios con cara de pepinillos en vinagre han alzado la voz diciendo que esta decisión clama al cielo y que no se puede interpretar así la exhortación apostólica post-sinodal Iuventutis Laetitia, publicada tras el pasado Sínodo sobre los jóvenes y el discernimiento. Los que así se manifiestan hacen abstrusas referencias a la ley divina, al pecado y a otros conceptos alejados de la vida de la gente y que invocan el nombre de Dios en vano, evidentemente, porque se refieren a Dios pero no le conocen, pues no comparten sus sentimientos misericordiosos como el Magisterio actual nos ha desvelado, avance que sólo tiene parangón en la historia de la Iglesia en la reforma llevada a cabo gracias a un testigo del evangelio como Martín Lutero.

Los que se resistan a estas normas serán tratados con misericordia, es decir: si son Obispos se les obligará a renunciar, y a los reincidentes se les podrá excomulgar por el artículo 33 del nuevo código de derecho canónico, que aparecerá en breve y que es de aplicación retroactiva, pues el tiempo es superior al espacio.

Bonifacio Gómez de Castilla

Bonifacio Gómez de Castilla

Sacerdote español misionero en Centro-Europa y otros países, con humor para reírse de sí mismo y celo por todas las almas.

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Un comentario en “Exclusiva sobre el aborto

  1. Me pareció excelente. Cómo me gustaría conocer a ese sacerdote. También me pareció excelente el resumen que hizo de la situación de la Iglesia a comienzos de Enero 2017. En realidad eso pasaría. Después de aprobar el adulterio y la recepción de la Comunión por divorciados vueltos a casar sin un proceso de nulidad en su matrimonio, viviendo como si estuvieran casados y sin ningún arrepentimiento ni deseo de cambiar de vida, se pasaría a aplicar esta misma “misericordia” a los que cometen aborto, a los homosexuales viviendo como tales, a los que cometen eutanasia con sus familiares o con ellos mismos porque su “conciencia sagrada” así les aconsejó. Los que distribuyen droga porque “pobrecitos” necesitaban dinero y “tuvieron que dedicarse a eso”, etc.,etc.,etc.,
    ¡Qué terrible situación estamos viviendo en la Iglesia católica! con un Papa como el Papa Francisco a la cabeza y con su “grupito de brillantes cardenales” aconsejándolo para “la puesta al día de la Iglesia.”
    ¡Que Dios tenga compasión de nosotros! ¡Orar, orar y orar!. Bárbara Milmo

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